El Papa durmió con una máscara mecánica no invasiva para garantizar que sus pulmones se expandan adecuadamente durante la noche y ayudar en su recuperación. Durante el día, hace la transición a recibir oxígeno a través de un tubo nasal.
El Papa, de 88 años, que padece enfermedad pulmonar crónica y al que se le extirpó parte de un pulmón cuando era joven, lleva dos días estable después de sufrir dos crisis respiratorias el lunes. Los médicos subrayaron que su pronóstico seguía siendo reservado debido a la compleja situación.






