Argentina inició ayer en Washington una segunda ronda de negociaciones con la Casa Blanca para aplacar la decisión de Donald Trump de imponer aranceles recíprocos a los bienes nacionales que se exportan a Estados Unidos.
La misión está encabezada por el embajador Luis María Kreckler -a cargo del tema en la Cancillería-, y Pablo Lavigne, secretario de Coordinación del Palacio de Hacienda, que se reúnen con representantes de la Secretaría de Comercio de Estados Unidos y la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR).
Trump oscila con incrementos arancelarios distintos a medida que evoluciona su guerra comercial con China, y Javier Milei no puede ajustar toda la legislación para satisfacer los reclamos de la Casa Blanca por su debilidad estructural en el Congreso.
En este contexto, el presidente republicano dobló los aranceles al aluminio y al acero cuando se enfrió la negociación con Xi Jinping, mientras que Milei apuesta a un fuerte triunfo en los comicios de octubre para reformar la legislación sobre uso de patentes.
La iniciativa arancelaria de Trump apunta a contener la ofensiva comercial de China, aplacar la inmigración indocumentada que llega a Estados Unidos y reprimir el tráfico ilegal de Fentanilo.
Desde esta perspectiva geopolítica, el informe anual de la USTR explicita las reformas que debería ejecutar Argentina para quedar afuera de los aranceles recíprocos.
Argentina aparece en la foja 14 del informe del USTR, y durante cuatro páginas se describe la asimetría que existe entre la Argentina y Estados Unidos respecto aranceles, tasas, prohibiciones de importación, restricciones a las importaciones, barreras aduaneras derechos de propiedad intelectual.
En la página 17 del informe de la USTR se describen las principales objeciones a la legislación vigente, una exhaustiva enumeración que sirve como hoja de ruta en las conversaciones que Kreckler y Lavigne mantendrán esta semana con la administración republicana.