La guerra en Medio Oriente entró este miércoles en su quinto día con una escalada simultánea en múltiples frentes: Irán reclamó tener “control total” del estratégico estrecho de Ormuz y advirtió que cualquier buque que intente cruzarlo arriesga ser alcanzado por misiles o drones, mientras el ejército israelí lanzó una nueva oleada de ataques sobre Teherán —impactando docenas de objetivos, incluidos centros de comando de seguridad— y derribó un caza iraní sobre la capital. En paralelo, tropas israelíes ingresaron a la localidad libanesa de Khiam en una incursión terrestre contra Hezbollah, y los bombardeos en el Líbano dejaron al menos 11 muertos.
En el frente económico y marítimo, la crisis golpeó con fuerza: el gigante naviero chino Cosco anunció la suspensión inmediata de sus servicios hacia y desde los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudita, Irak y Kuwait. Arabia Saudita, por su parte, interceptó un ataque de drones contra su refinería de Ras Tanura, una de las más grandes del mundo. Los mercados financieros reflejaron el pánico: las bolsas de Dubái y Abu Dhabi reabrieron con fuertes caídas tras dos días de suspensión, y las acciones en Seúl se desplomaron más de un 12 por ciento. El petróleo subió.
En el plano diplomático, el jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, respondió a las amenazas comerciales del presidente Donald Trump tras la negativa de Madrid a ceder sus bases para los ataques. Mientras tanto, un alto funcionario iraní, Mohammad Mokhber, descartó cualquier negociación con Washington y afirmó que Irán puede sostener la guerra “todo el tiempo que queramos”.